jueves, 20 de diciembre de 2012

UN CHUTE DE CONSCIENCIA


"Peta", "chute" o "farlopa" son términos que hoy en día están en boca de todos los jóvenes. Estas armas de destrucción masiva que se esconden bajo una máscara que a ojos de muchos expresa diversión o evasión, ya se ha convertido en una cara muy conocida para la juventud. Son tantos los que han sentido simpatía hacia ella, que muchos la toman como compañera de viaje.

Sin embargo, esos padres cautelosos y preocupados, allá por los años ochenta, se dieron cuenta de que detrás de esa cara simpática se escondía una personalidad cruel con instinto asesino, sin ningún tipo de escrúpulo y capaz de destruir todo lo que se le pusiera por delante.
Aunque en un principio, cuando la sociedad todavía tenía depositada toda su confianza en la inocencia de la droga, se creía y casi se daba por hecho que el SIDA tan sólo era una enfermedad de homosexuales, debida a la inexistencia de preservativos en sus relaciones sexuales.
No obstante, cuando la heroína empezó a cargar contra sus primeras víctimas, dejando toda una generación perdida, desapareció la máscara y quedó a la luz la oscura realidad, la verdadera cara de la droga.

Treinta años después, todo lo sucedido no ha hecho más que quedar en el olvido. Para unos jóvenes a los que el humo de la marihuana deja ciegos, resulta impensable que su compañera de viaje y ya amiga pueda traicionarlos. El problema llega cuando la historia de nuestros padres se repite y nos lleva a una cadena interminable de generación perdida y jóvenes inconscientes, entrelazada.

Todos saben que están muriendo poco a poco, que la "maría" no es como ellos dicen la planta de la alegría, y que aunque se diga que las cosas buenas (y el veneno también) se encuentran en frascos pequeños, esos frascos nada tienen que ver con una jeringuilla repleta de heroína. Pero, mientras tengan un buen canuto entre manos, no les importa saber que lo único que se vaya a consumir y convertir en ceniza sean ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario